miércoles, 18 de marzo de 2015
La Cala
-¿Y por qué no puedes tener tú también un anillo como todo el mundo?- Esa fue la segunda pregunta que me hizo.
Habían pasado casi cinco años desde la última (y la única vez) que estuve en ese lugar.
La tarde no era muy acogedora, hacía viento, mucho viento, se había escondido ya el sol y el frío cortaba los labios. Pero fue un instante maravilloso. Las olas rompían contra las rocas y el atardecer dejó un cielo anaranjado impresionante.
Cinco años después, en el mismo lugar, solitario y especial.
- Claro que quiero.
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